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Prólogo Tomo 2 - Apuntes de Obra

REINGENIERIA DEL ROL DEL ARQUITECTO

Como un grano de arena más, este segundo tomo de “APUNTES DE OBRA”, intenta sumar VALOR AGREGADO a la formación universitaria al abordar temas que hacen a la formación profesional, donde hoy más que nunca la cerrada competencia n un campo de escasa demanda, requiere de la máxima captación para que el potencial cliente sienta la confianza en la idoneidad y seriedad del arquitecto al que le encomendará su obra.

Del famoso trípode vitruviano : comodidad (función), hermosura (forma) y firmeza (materialización), y al decir de Palladio donde expresa la conexión entre las partes y el todo : “Deben considerarse en todo edificio tres aspectos… porque no podía llamarse perfecta la obra que fuese útil pero de poca duración; o aunque durable no fuese cómoda o bien que teniendo ambas cualidades ninguna gracia tuviese.”

En la mayoría de los arquitectos jóvenes, por formación, el concepto del todo no existe. La carera es una sumatoria de disciplinas que en muy pocas circunstancias se cosen para perfeccionar el producto enunciado por los maestros.

Si los requisitos del buen hacer arquitectura, fuesen mensurables en el campo de los conocimientos aprehendidos (los que realmente valen en el mágico archivo de un buen diseñador que le permitirá parir un producto rico, por el manejo de la forma, la función y la tecnología como un concepto total), diría que es la función la que presenta menos dificultades tomada como una “materia” aislada ya que en el desarrollo práctico-teórico en los talleres se llega a un aprobado con honores.

La forma en apariencias debería encontrarse en ese nivel por ser socios aceptados masivamente por nuestra comunidad más allá de la aburrida e inútil discusión de quién sigue a quién.

Pero el desarrollo de la forma “aprueba con lo justo”, ya que a su universal vinculo con la función también lo tiene con la materialización, y como es este aspecto de la trilogía el que “no alcanza la promoción”, no puede surgir en general la mejor forma si el diseñador tiene un campo de conocimientos tecnológicos limitados, lo que lo lleva a la permanente autolimitación por no saber: si resiste o de que medida comercial viene, o qué espesor es el necesario…??

Pero la exquisita síntesis palladiana le apareció con una fuerza inimaginable en su arquitectura humanista, un cuarto componente que es en nuestros días,  tanto o más importante que los otros tres.

Se trata del costo, ya que es casi imposible pensar una obra de arquitectura de nuestros días sin este factor como premisa. Los costos aunque se trate de una cruda realidad para algún poético arquitecto, son los determinantes de que la futura obra exista o quede en las intensiones.

Por lo tanto el diseñador actual no puede sólo trabajar con un esquema del tiop del enseñado en nuestras facultades: función, forma , (o viceversa), tecnología (por su lado y en compartimientos estancos ) y luego cómputo y presupuesto.
Mal que nos pese la verdad es que muchas veces el cliente comienza el primer encuentro diciendo: “Quiero construir más o menos 200 m2 ¿Cuánto me va costar?” o “Tengo U$S 100.000.-   ¿Cuántos metros puedo construir?”.

Intentando ir más lejos aún en la búsqueda de imaginar al profesional de nuestro tiempo, debería agregar u quinto elemento sen el cual, me atrevo a decir que ya no sólo no habría obra como en el caso de un costo elevado, sino que “no existiría” el profesional: El marketing o como vender el producto.

El arquitecto debe ser un profesional que no sólo diseña objetos lindos y útiles, sino bien realizados y económicos. Para esto el futuro comitente debe recibir un claro mensaje avalado por la mayor cantidad de conocimientos, lo que en definitiva configura el buen servicio que el cliente de nuestro tiempo quiere y exige, cada vez con mayor rigor sobre cada presentación que recibe.

El nivel de información debe ser total y su búsqueda una constante. Pero todo el manejo con una buena dosis de psicología. Esto  permitirá no apabullar al futuro cliente y al mismo tiempo tener un campo de interpretación más fácil de su programa de necesidades, que no siempre expresa los requerimientos reales.

Hay que faltar poco. Para ellos es cada vez más necesario estar preparado para un examen difícil ante cada nueva relación profesional. Los clientes están cada vez más informados,  son hábiles en el aspecto comercial, muchas veces desconfiados sobra la capacidad del profesional (“mal o bien” de nuestro tiempo en el que se ha roto el mito de la sapiencia que daba automáticamente el tener un titulo en cualquier disciplina), sin olvidarnos que colaboraremos en el manejo de “su” dinero y de “su” obra (fábrica de uno donde él va a vivir) delante de sus ojos y los de sus “asesores” (incluidos al decir de livingston : “la cuñada que se da idea”).

Para ellos entonces no olvidarse que el Arquitecto modelo 2000 debe ser un: profesional serio.
1. Analítico en lo funcional.
2. Creativo en la forma.
Y además
3. Con buen manejo técnico
4. Hábil en los costos.
5. Con una pizca de psicólogo para explicitar los 4 items anteriores (factor éste que no sólo nos ayuda vender mejor el producto, sino que además será una herramienta para destrabar grandes dilemas individuales y familiares ¿hidro o plástico? ¿mármol o madera? Y por qué no, para una mejor comunicación con empresas, gremios y operarios).

Por lo tanto, para nuestro patrimonio profesional en el que se suman los conocimientos académicos,  más los adquiridos en las vivencias de todos los días, la información publicada o solicitada y las experiencias prácticas, es mi  intención brindar en forma clara y precisa conceptos que ayuden a ligar todo lo anterior en procura de estar en condiciones de ofrecer a nuestros clientes la mejor imagen: la de un profesional de la arquitectura.